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La Investigación Nuestra
investigadora grabó en cinta de vídeo a los representantes de
Iams mientras realizaban un recorrido de las instalaciones. Estos vieron los
perros tristes y angustiados, sintieron el calor implacable y la humedad de
las jaulas, y así mismo las dejaron, salieron y se fueron. Pero los
animales no podían irse.Un veterinario de Iams que inspeccionaba un grupo de perros que habían sido comprados de un negociante clasificado USDA Clase B no hizo nada tras ver que una perra que acaba de parir en una jaula de cemento no había sido provista de un sitio en cómodo en que descansar. Un cachorrro y un perro adulto de ese grupo murieron durante nuestra investigación, como resultado, probablemente, de falta de atención y de las temperaturas que bajaron a menos de 34 grados Fahrenheit en el edificio. Un "experto en conducta" de Iams vió a los perros dando vueltas, locos, en sus jaulas y, sin embargo, no dijo nada. Un investigador dentista de gatos de Iams hasta escuchó a dos empleados hablando sobre animales a los que no se les trataba de manera humanitaria en las instalaciones, y de cualquier forma, Iams continuó funcionando como si todo fuera normal. A pesar de las garantías de la política de investigación de Iams en el sentido de que ningún animal sería matado jamás, nuestra investigadora documentó la destrucción de 27 (entre 60) perros, que habían sufrido un procedimiento invasivo que implicaba cortar pedazos grandes de músculo de las patas de los animales. Otros dos de esos perros se hallaron muertos en sus jaulas después de la cirugía; uno había pasado 11 días de agonía antes de morir. Cuando nuestra investigadora informó que Humbug, un perro de Iams, estaba cojeando, un técnico de veterinario le dijo que el laboratorio contaba con una máquina de rayos-x de los años sesenta pero no tenía película para la máquina, y que el director del laboratorio prefería matar, en lugar de darle tratamiento, a los animales con huesos rotos. Además, el laboratorio les sacaba sangre a Fifi y otros perros que el laboratorio usaba en estudios de metabolismo para venderla a otras compañías, aún cuando los estudios no pedían sacar sangre. Finalmente, poco antes de que nuestra investigadora se fuera, el director del laboratorio les dijo a los técnicos de veterinario que dejaran sin poder ladrar a todos los perros de Iams porque le molestaban sus gritos desdesperados. Nuestra investigadora envió un mensaje electrónico a los investigadores de Iams de Dayton informando sobre esta directriz, con la esperanza de que Iams interviniera. Todo lo que recibió a cambio fue la horrorosa imagen de un técnico de laboratorio cubierto en sangrre después de un día de trabajo dedicado a realizar las cirugías de eliminación del ladrido. Cuando nuestra investigadora renunció, le informó a un representante de Iams y al director del laboratorio que se iba porque a pesar de todos sus esfuerzos, no se había hecho nada para mejorar las vidas desesperadamente aburridas, solitarias y crudas de los animales. El representante de Iams admitió que tanto él como el director del laboratorio venían de la "escuela tradicional". Lo que descubrió nuestra investigadora en el laboratorio contratado por Iams: la cámara de horrores de Iams
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